De la tecnología blanda a la tecnología dura

Juan Carlos Caramés P. - 1 Jun '06

Tecnología

Hoy nos enfrentamos a un mundo distinto, prófugo de la estabilidad. El éxito ya no es tan eterno como lo era en el pasado. Lo cierto es que las nuevas tecnologías provocan profundas modificaciones en el mundo laboral y en la vida cotidiana.
Para producir lo mejor del mundo, tecnología de punta, necesitamos también la mejor gente del mundo. Por tecnología dura, entendemos, la maquinaría, las herramientas, hardware, redes de telecomunicación, que hacen el trabajo más eficaz y propicia la generación de productos y servicios con mejor calidad, novedad e integridad.
La tecnología blanda está relacionada con Know How de la gente, la capacidad de aprendizaje de una organización, con el tipo de talento que tenga un trabajador. En una economía basada en el conocimiento, la nueva moneda es el aprendizaje.
Debemos preparar a la gente para hacer de la tecnología dura el elemento estratégico de diferenciación en estos tiempos cambiantes de competitividad. Para ello debemos tomar en cuenta las siguientes consideraciones:
Uno.- La tecnología dura debe ser novedosa. La blanda debe capacitar a la gente en creatividad.
La novedad es una norma de facto en toda estrategia de negocio. Hoy sin ella simplemente somos más de lo mismo. Invertir en creatividad es la decisión para incrementar el valor intangible del pensamiento de la gente.
Takumi dice: “La creatividad es el arte de encontrar alternativas diferentes a las acostumbradas y ver una oportunidad donde la mayoría de las personas ven sólo problemas”. Otro concepto oportuno dice que la creatividad es una habilidad para desafiar lo supuesto o establecido, reconocer los modelos o patrones, verlos de nuevas formas, hacer conexiones, tomar riesgo y aprovechar la oportunidad.
Preparar a la gente para ver alternativas distintas, atentar contra lo convencional y crear nuevos paradigmas, demanda un proceso. No se puede decretar la creatividad y mucho menos creer que con un simple curso la podemos alcanzar. Debemos estimularla con una metodología que permita registrar la evolución de la potencialidad del valor de pensamiento de los trabajadores, hasta hacer de la innovación una estrategia de diferenciación en el modelo de hacer negocio.
La meta no es especular sobre lo que pueda suceder, sino imaginar lo que uno puede hacer que suceda. Los que fueron sorprendidos por el futuro no estaban poniendo atención.
Dos.- La tecnología dura debe ser innovadora. La blanda debe capacitar para la innovación.
En esta era una compañía que esté evolucionando paulatinamente, ya se encuentra en camino a la extinción. Nunca fue más pequeña la distancia entre lo que se puede imaginar y lo que se puede realizar. Nuestra herencia ya no es nuestro destino.
La capacidad de concebir de otra manera los negocios existentes a fin de crear nuevo valor para los clientes, ruda sorpresa para la competencia y nueva riqueza para los inversionistas, será el nuevo papel a cumplir por todos en las empresas.
Tres.- La tecnología dura debe aplicar bajo mantenimiento. La blanda empowerment y autoaprendizaje.
“La única forma de conservar la ventaja competitiva es asegurarse de que su organización aprenda con mayor rapidez que la competencia.”, comenta Peter Schwartz, como una de las maneras de mantener y asegurar la supervivencia organizacional.
Dice Guns, el aprendizaje es una responsabilidad personal; todos necesitamos aceptarla y cada uno de nosotros debe ser responsable de adquirir los conocimientos necesarios para enfrentar las expectativas del rendimiento. El rendimiento de hoy es el resultado del aprendizaje de ayer. El rendimiento de mañana será producto del aprendizaje de hoy.
Pregunto, entonces, ¿Cómo está el nivel de aprendizaje formal, y el autoaprendizaje en su empresa?. Espero que la respuesta sea más positiva que negativa, pues la primera asegurará la supervivencia de la empresa en la nueva economía global en la cual nos encontramos. Lo contrario, sólo puede significar la desaparición.
El empowerment propicia que el trabajador sea el empresario de la iniciativa de ser mejor cada día. Y es aquí donde está el concepto de autosuficiencia en ser mejor. Ken Blanchard dice: “Facultar a los empleados no significa darles poder; más bien consiste en liberar los conocimientos, la experiencia y la motivación que ellos ya poseen”.
Cuatro.- La tecnología dura debe caracterizarse por su velocidad. La blanda por su capacidad de respuesta.
Es tiempo de agilidad, rapidez y astucia creativa. La competencia de hoy no es sólo de productos y/o servicios, sino de modelos de negocios. Los que se dejan sorprender, es por que no están prestando la debida atención. Todas las soluciones son temporales. Sólo de nosotros depende cambiarlas; mejor aún reinventarlas.
La empresa debe ser un laboratorio permanente de experimentación, situación que la obliga a estar siempre pendiente de suplir los deseos de clientes. Esta filosofía traduce mantener al capital humano actualizado, flexible, entrenado, haciendo benchmarking e inventando el futuro.
Cinco.- La tecnología dura debe conjugar con la economía de la obsolescencia. La blanda con generar su desaprendizaje en conocimiento y paradigmas.
En esta época debemos evitar la ceguera del conocimiento, fundamentada en pilotes de información que no dejan anclar nuevos soportes para edificaciones de paradigmas nuevos.
La nueva regla es medir tu capacidad para hacer obsoleto su propio éxito y sorprender al contrario bajo esta estrategia. Debemos incorporar en la metodología de aprendizaje, estrategias de desaprendizaje. Recuerde, no cambiar puede ser más costoso. Desarrollar disposición al cambio, es una buena manera de preparar terreno a nuevos hábitos, costumbres y conocimiento.
Si usted no se mete con el éxito, otra persona lo hará. Peor aún, métase con el éxito o el éxito lo meterá en problemas. Lo que exista, por más moderno que sea está envejeciendo. Nadie garantiza que la quietud sea rentable en el futuro.
La única manera de entrar en el futuro, es desprenderse del pasado... y del presente. Adquiera el hábito de romper sus hábitos. El mayor error es no cometer ningún error.